Lo que aprendí
A veces la sonrisa de la niña tierna cambia así como se apaga el fuego o como la lluvia cae, así de inesperado como llegaste. Hay días en que no se comprenden las reglas de la vida y en que ni siquiera las consecuencias de lo que sucede parecen ser comprensibles para una mente como la mía.
Los ojos grandes y brillantes se convierten en mares de tormetas, grises y llenos de agua así como un día estuvieron llenos de sol.
Mi mente siempre sabe trabajar con un plan "B" lo malo es que tú eres mi abcdario.
El lenguaje que aprendí siempre llevaba por delante tu nombre, tu acento, tu aroma, tu punto y tu coma.
La lengua que aprendí fue la de tu beso de tu cuerpo, la de tu ira, la de tu fuego.
La habilidad que descubrí fue la mía con el tiempo, la de administrar tus abrazos a mis años y tus ironías a mis tiempos muertos.
El arte que pinté fue el de amarte en mi cielo, en mi lienzo, en mi loca idea de pintarte de rojo pasión y borrar los grises color sombra.
La música que creamos fue la de cantarte, crearte, desahogarme, adorarte.
El ejercicio que hicimos fue el de querer, amar y resistir. Aquel que se ejercita en silencio cuerpo a cuerpo y noche a noche.
La comida que disfrutamos fue la que se quema, la que se inventa, la que nunca llena con el propósito de volver a cocinar y desatar llamas en la cocina.
Lo que rompimos no fue vidrio, no fue ni si quiera un corazón. Lo que se rompe cuando nos alejamos es una vida, un futuro, tiempo contento, y una risa de un niño pequeño que quizá te llame papá.
Lo que escribo no es un cuento ni pretendo que sea un texto. Lo que escribo es lo que siento, lo que gota a gota derramo.
Quizá deba secarme para no volver a llorarnos quizá deba ser dura, ilusa, durmiente.
Quizá deba hacer muchas cosas pero lo único que deseo es amarte.



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